1. Mi miedo a los espejos, incluso desde que yo era niño, creía que mi cuerpo era tan monótono como una orquesta. Por dieciséis años, he apestado de infinitas inseguridades. Fui siempre el niño perdido negro. Ese al que le lanzaste cumplidos para asegurarte de que no me sumergiría en mi propia personalidad de odio tras puertas cerradas. Cuando miro estos espejos, quiero encontrar un cielo seguro en mis pupilas. Quiero su santidad para borrar la creencia que ellas son solo vitrales esperando ser quebrados y barridos bajo la alfombra como facturas secundarias. Quiero que mi reflejo susurre te amo sin tener que mirar a este estatua llamada Davon, la cual nunca ha tenido una razón para llamarse monumental.
2. Mañanas sin dolor. Tantas veces he despertado de un sueño ahumado, noches alcohólicas que se desvanecen en la forma en que Dios dice que todavía hay un propósito en los pulmones que nos ha dado para respirar. Pero Dios, ¿por cuánto tiempo has sabido que el respaldo de mis párpados comparte la misma características de la rendición? Dime dónde encuentro respiro en eso.
3. Dios…
4. Mi padre. Me temo que él morirá antes que yo lo aprenda a querer. Ya ves, lo que el viento y los papás tienen en común es el silencio cuando pasan. Mi padre era una bola de paja en el desierto, mi padre era una metáfora de la naturaleza, un lienzo que solo habla de abandono, y su amor era un marrón profundo. Quiero aprender cómo no odiarlo por dejar mi sonrisa en ausencia de paternidad, pero gracias le doy por enseñarme que la definición de amor es ser capaz de manejar el mundo, viendo mi cara por primera vez sin su presencia.
5. Mi propósito para vivir. Yo encuentro felicidad en la manera en que el sol habla la lengua de la primavera y las chicas se cubren con vestidos ligeros. ¡Dios Mio! La manera en que sus caderas se mueven habla la lengua del verano. Tanta conversación dulce levantando el corazón, e Santos como intenciones tragados por todo ese vocabulario hablado en ese movimiento. Pero ya no más perseguir chicas, he terminado de perseguir esas cimas duraderas, esos días donde mi mente es abatida hasta ser una pulpa de vida en el olvido. Quiero encontrar mi propósito. Y cuando lo haga quiero sacudirlo, eliminar las lágrimas, y llenarlo hasta el borde con constelaciones hechas de memoria, de esas donde yo sonreiría sin recordar las hendiduras en mi sobremordida.
6. Mi sonrisa… Quiero la palabra hermosa para caer de los labios del universo como un cielo perfumado de respiraciones y decir tú eres hermosa. Tus dientes son blancos, tu sonrisa es chueca, pero tú haces que las nubes cumulonimbo se sacudan en sus pieles cuando tú sonríes. Y tú no tienes motivo para pensar que tus momentos felices no son inevitables.
7. Relaciones. Yo no quiero una chica que sienta derecho sobre mi cintura y todo lo que está debajo. Quiero una chica que encuentre armonía en mi voz. Que comprenda por qué llevo conmigo un latido que salta cuando veo su cara. Cuando encuentre esta chica, quiero que se dé cuenta que sus ojos podrían levantar mi barbilla en las horas más oscuras, y todavía brillar dos veces lo que brilla su personalidad.
8. Yo mismo.
9. No querer los poderes de ser invencible. Yo no quiero mezclarme con el viento como mi padre lo hizo, sino que quiero destacar como el viernes, y cuando lo haga seré conocido como el tipo que solo quería su propia armonía para llenar los pulmones de nuevo. Alguien dijo una vez que el momento incómodo entre el nacimiento y la muerte es la vida, así que lo que elijas hacer en medio será para siempre tu epílogo, y yo quiero que el mío sea memorable.
10. Respiración.