Rebecca tomó otro plato, lo mojó en agua enjabonada y, lo terminó de lavar. Mientras hacía esto, el timbre de la puerta sonó. ¿Quién puede ser? Phil estaba todavía un poco lleno de vino arriba, seguramente. Ella no planeaba recibir ningún visitante. Caminó energéticamente a la puerta y la abrió entusiasmadamente, parándola una pulgada de la pared. Había olvidado hacer eso una vez y en su agite, no se había dado cuenta que la pared se había rajado hasta un día en que paró de decirle a Phil que “la buena gente” había venido de visita, mirándolo cada unos minutos para verlo con intención, tal como sabía que él estaba aquí ese día, pero no se había molestado de bajar y comer la deliciosa salsa de frijoles que ella había preparado, pero por supuesto él no podía apreciar el arte de hacer salsa de frijoles. Después de todo, era Phil.

Escaneó a la persona en la entrada de cabeza a pie. La mejor manera de describirlo sería decir que él es conciso o nítido. Pantalones y camisa nítidos; zapatos recién brillados y una sonrisa que le cae encima de sus dientes justamente tan. Ella vio su maletín en su mano y gruñó mentalmente. Si de pronto lo negara cortésmente, él se iría. Ella podría ocuparse con él un rato más de cualquier manera. Ella siempre era excelente dejando insinuaciones.

“Pues, qué tal! No esperaba visitantes esta tarde.”
De alguna manera eso no le hizo ningún efecto al hombre.
“Buenas, dama. Estoy aquí para contarle sobre una nueva ganga de las aspiradoras SuckItUp. Es un excelente valor y tiene más funciones que NUNCA en la edición de este año! Por ejemplo, ¿tiene algunos bichos callejeros molestos que no desea tener en su jardín o casa? Bueno, ¡se fueron los animales! ¡Todo lo que tiene que hacer es poner el interruptor en la posición de animales en el mango de la aspiradora! ¿O, qué tal esa suegra irritante? Nosotros le tenemos su solución…”
En esto, ella perdió interés. Esto es lo que siempre sucedía. Ellos despotricaban sobre la oferta con “el valor excelente” y “una vez en la vida”, constantemente acercándose a la puerta en caso que ella les tirara la puerta en la cara.
Aproximadamente a media lectura, ella decidió interrumpirlo.

“Pues, ¡me tiene convencida! Déjeme que vaya por mi marido, él es el que se ocupa del dinero por aquí.” Y también una noche de seis cervezas. ¡Dios mío! ¿Qué había visto en él?

Subió las escaleras. Mientras llegaba su dormitorio al final del pasillo, se preguntó distraídamente porque no lo había echado de la casa a estas alturas. Marvin ya no estaba en casa. Ya no había nadie para impresionar, nadie para que ella le vendiera la historia de que todo estaba bien, de que ella no lo había visto salirse calladamente de la casa hace años por la noche tres veces por semana, para montarse en un carro convertible llamativo el cual estaba esperando en la entrada. Todavía estaba pensando en preguntarle sobre eso. No, preguntarle sobre ella. Cuando salían disparados de la casa, ella veía un poco de cabello castaño saliendo de la ventana del carro.

Abrió la puerta, todavía esperando que estuviera ahí. Era ese día de la semana, cuando se desaparecía con la Señorita Pelirroja, como ella llegó a llamar a esa bruja. Buscó su billetera esperando que él no le hubiera quitado su dinero para irse a una de sus bebederas. Hubiera sido un extra golpe para ella si él estuviera usando el cheque de pago de ella para entretener a esa mujer horrible. Suspiró con alivio, ya que la billetera estaba debajo de las toallas en el lavabo del baño, justo donde lo había dejado. La tiró en la cama cuando salió de la habitación.

Bajando las escaleras, vio al vendedor todavía enfrente de su casa, ya sin sonrisa. Sin embargo, tan pronto la oyó dando la vuelta por las escaleras, se animó, viéndose exactamente como cuando ella se había entrado. ¿Era algún tipo de robot? A pesar del calor del sol de Oklahoma, él ni siquiera había empezado a sudar. Su corbata estaba en el mismo lugar. Todavía tenia su maletín.
“Disculpe, pero él no está disponible en este momento.”

El vendedor hizo un clic con su pluma, miró hacia arriba y renovó su brillante sonrisa. Debería de estar en una propaganda de pasta dentífrica, no en el mundo real.

“Gracias por su tiempo, señora. ¿Está segura que no lo reconsideraría? Esta ganga no va a durar para siempre, para que lo sepa.”
“Iré a su sitio web si cambio de idea.”

No importa el hecho que él no había mencionado si tenían un sitio web o no. Todo lo que importaba era despachar a este hombre por la puerta, ahora mismo.

Empezó a cerrar la puerta cuando él empezó a alejarse. Agarrando su teléfono de la encimera donde lo había dejado cuando estaba fregando platos, le dio la vuelta a sus contactos hasta que llegó donde “Phil <3.” Qué irónico. Presionó el nombre en la pantalla y puso el teléfono a su oído. Sonó varias veces antes de que sonara un clic en el otro lado.
“Hola, has exitosamente llamado a Phil. Desafortunadamente, no puedo venir al teléfono ahora…”

Colgó antes de que ese estúpido mensaje de voz terminara. Había estado oyendo su mensaje bastante recientemente. ¡Mierda! Eso era lo que esto era, eso era lo que Phil era. No podía ser molestado para contestar el teléfono cuando su esposa lo llamaba, no podía ser molestado en estar sobrio, no podía ser molestado en recordar sus llaves. Bueno, ella no toleraría esto más. Uno de estos días–no, no más indecisión. Cambiaría las cerraduras mañana. Ah, y se lo diría por seguro, para ver si estaba escuchando. Estaba cansada de segundas oportunidades, terminada con Phil–
Fue lanzada de sus pensamientos por la puerta cerrándose. Phil estaba en casa. Bueno, ya había fingido ser simpática una vez hoy. Podría también poner un bis, ¿cierto?

“Hola, cariño, ¿cómo estuvo el trabajo? Vino otro vendedor hoy, y-“
Aquí ella paró pues Phil se veía…extraño. Por una vez, llegó a casa en su chaqueta deportiva y todos sus otros artículos de ropa en el lugar correcto, cada zapato en el pie correcto. Un vistazo por la ventana le dejó saber que su carro estaba en casa, al lado del de ella, su Honda Civic. Todo estaba correcto, de hecho perfecto. ¿Entonces por qué sentía que algo no iba bien? Debe ser el hecho que él se veía sensato y sobrio por una vez. Y sobrioa estaba su expresión.

“Hola.”
Eso era: no habían suplicas, ni “mi cielo”, ni “cariño”, ni siquiera un tono mimoso al cual ella se había acostumbrado.
“¿Y qué te pasa, corazón?”
Si ese vendedor de antes era un robot, Phil era una estatua. Mentalmente puso la imagen del Señor SuckItUp al lado de Phil. Phil rompió su mala racha, encendiendo su extra carisma con una sonrisa. Ella volteó su rostro y después lo miró de nuevo en alarma. En esos pocos momentos, Phil se había unido con el vendedor imaginario–no, eso no estaba correcto; él no podría-
Pero sí lo había hecho. El traje, la corbata, la sonrisa, todo era perfecto. Y encima de todo, él se había movido al lugar exacto donde su Señor SuckItUp había estado. Si Phil no hubiera estado ahí hace un minuto, ella nunca lo hubiera creído. Pero Phil ya no estaba ahí. Había sido reemplazado por alguna mezcla espantosa de Phil y no Phil. Y después, su marido–¿o, era su marido? Ya no estaba segura – ella fue regresada a su ser por el sonido de la voz de Phil.
“No es nada, corazón. Tu me conoces, estoy bien, bien, bien. Solamente…pensando es todo. ¿Cuánto dinero tienes en el banco?”
¿A dónde se fue el vendedor? Todavía podía ver rastros de él.
“Suficiente. Nos las arreglamos.”

“Cuando dices ‘…arreglamos,’ ¿quieres decir que tenemos suficiente para que uno de nuestros trabajos cubran la casa?”
No, eso nunca hubiera sucedido. ¿Qué era eso de todos modos?
“Bueno, lo creo. Digo, tomaría extra horas pero por lo menos mis trabajos de limpieza de casa lo lograría.
“…Bueno. Eso es bueno.”
“Estás seguro que estás bien?”

En esto, él se descompuso y, cualquier parecido al vendedor de la imagen perfecta se quebrantó. Si ella mirara con suficiente cuidado, podría ver todavía pequeños fragmentos de la sonrisa brillante entrapadas en los pliegues de la camisa de Phil.
“Si, estoy genial, ok? Llego a casa, trato de ser simpático, sobrio, no sé, y cuando trato de ser normal por una vez, ¡tú empiezas a pensar que algo me pasa! ¡Trata TÚ de que te despachen del trabajo por ninguna maldita razón y ves como te gusta!”
Rebecca se sorprendió, en shock. ¿A dónde se había ido el Phil de ensueño? Si, ella prefería la extraña fusión de los dos hombres. Él se veía más cortés que Phil. Le recordaba del Phil con quien ella se casó, el tipo que era ligero en sus pies, rápido con una broma (o un beso, nunca se negó a uno de esos), de trato fácil. En una palabra: perfecto.
Entonces reaccionó lo que Phil había dicho. Olviden las cerraduras. Ya no importaban más. Phil escucharía lo que ella tenía que decir por una vez.

“¿Esto eres tú tratando de ser simpático? ¡Ha! No me hagas reír. Yo estoy ‘tratando de ser simpática’ cada día de mi triste vida, pretendiéndole a todos que tú eres un gran bombón, haciendo excusas por tu borrachera ni siquiera importándote aparecerte para nuestro propio aniversario de bodas que yo puse en gigantes letras en el almanaque de la nevera, en marcador rojo brillante hace dos meses! Sentada completamente sola ahí en nuestra primera cita en años después de que Marvin se fue de la casa, en ese restaurante italiano del al norte de la ciudad, reservación que yo hice por si, sentada ahí por media hora, hasta que me enviaste un texto pidiéndome que lo hiciéramos en otra ocasión! Yéndote cada semana con la Señorita Pelirroja, manejando rápido en ese estúpido carro,¡ haciendo Dios-sabe-qué antes de regresar una hora antes del amanecer!”
Aquí ella se detuvo a tomar un respiro, ojos ardiendo, viendo su reacción, ahora una perfecta imagen de sorpresa. ¡Qué irónico!
“Mi amor, yo-“

En estas, ella lo interrumpió. No, este era su tiempo. No la iba a engañar en dedicándose a que ella lo escuchara otra vez. Lo había estado escuchando por veinte malditos años. No iba a cometer ese error dos veces.
“No pienses que no me he dado cuenta, pero me decía que ibas a cambiar, que esto, no sé, se iría o algo. Y pueda ser que me dije a mi misma que porque si lo pensaba suficiente veces, lo podía actualmente creer. No me digas ‘lo podemos solucionar’, porque ya no tengo a nadie más que impresionar. Ninguno de los dos lo tenemos. Ni Marvin, ni vecinos, ni amistades. Los vecinos supieron la verdad sobre ti, cariño. Marvin está muy ocupado organizando su vida y terminando la escuela para que le importe. ¿Amistades? ¿Cuáles amistades tenemos en común? Sinceramente, Phil, espero que encuentres otro trabajo, porque yo he acabado contigo.”
Phil se veía sorprendido cuando Rebecca se volteó y ella marchó decididamente las escaleras al dormitorio. Tiró la puerta y miró alrededor del cuarto. ¿Cuáles eran las cosas que eran de ella en este cuarto? Agarró su maleta, la de casco duro color granate, de su clóset grande. La abrió y la puso en el suelo y volteó a estar en frente de su tocador. Abrió bruscamente su gaveta, agarrando unos cuantos artículos antes de tirarlos en la maleta al azar. Caminó al baño a paso ligero, agarró su esponja de baño, todos los jabones extravagantes que Marvin le había comprado por su cumpleaños el año pasado –Phil por poco se olvidó de nuevo. Pero le tenía que dar crédito. Después de todo, había parado en el Walmart a comprarle una tarjeta. No importa el hecho que la tarjeta decía “Lo Siento por Tu Pérdida”. Pero eso no importaba. Nada sobre Phil le importaba más. Un paquete de rasuradoras y una toalla completaron sus provisiones. Podría comprar todo lo demás después. Girándose, agarró su teléfono y cargador y su cartera de goma rosada.
Metiendo el resto de sus necesidades en su maleta, Rebecca se apartó a dejar la habitación una última vez. No se había olvidado de nada, lo estaba segura. ¿Entonces de qué tenía miedo?

Agarró el mango de su maleta y caminó a través del pasillo. ¿Siempre había sido tan largo? Levantó su maleta mientras bajaba las escaleras. ¿Dónde estaba Phil? Con sus sentidos en alta alerta, se apresuró saliendo por la puerta y metió la maleta en el maletero de su auto. Abrió la puerta de conductor y, se sorprendió de ver a Phil sentado en el asiento de pasajero, poniendo algo en el tablero. Mirándolo, vio que era su colección de álbumes de fotos. Estaba por decir algo cuando Phil la interrumpió.
“No, no digas que me quede con ellos. No los quiero. Solamente…no quería que te olvidaras de nada. Tú siempre llevabas estos cuando te ibas de la casa.”

Estaba correcto. Le quería agradecer pero se le quedó trancado en la garganta hasta que la ira lo retorció a algo completamente diferente.
“Salte.”

Phil la complació, hasta cerró la puerta del auto calladamente. Aún, él la miraba mientras se alejaba. Sin embargo, nada de lagrimas. Phil nunca había sido un hombre que defendiera el puro concepto de lagrimas.
Ella no escuchó el radio como lo hacía de costumbre, solamente manejó en silencio. Se endureció cuando sintió algo ardiéndole los ojos. No lo estaba, no lo haría…llorar por el concepto de Phil.
“Tal como un viaje de negocios.”
En el primer semáforo le afectó el hecho; que no había terminado de fregar los platos.