Muchas personas piensan que la violencia doméstica no puede y nunca les sucederá hasta que ha escalado tanto que es demasiado tarde para recibir ayuda. Muchos ni siquiera saben los signos de una relación no saludable. Tu crees que los dos discuten por algo que tu hiciste o dijiste. El abusador te manipula y te hace creer que tú comenzaste la discusión. Ellos son siempre la “víctima” lo cual no es el caso.     En mi caso, yo fui parte de una relación que duró como un año y siete meses.

Los dos fuimos personas muy celosas y a menudo  teníamos más discusiones que momentos felices y dichosos. Empezamos al gritarnos el uno al otro y eso llevó al abuso físico. Él me daba bofetadas y me retenía. Frecuentemente yo me defendía y lo empujaba y lo arañaba para quitármelo de encima pero mientras más intentaba defenderme, más me retenía. Llegué a un punto en que ya no podía pelear más, así que lo dejé abusar de mi.

Muchas veces pensé que fue mi culpa cuando empezábamos a discutir. Mi pareja me decía que era mi culpa por “mentir” y por no ser honesta. Llegamos a un punto en que mi pareja me golpeó en la escuela por mandar mensajes a otros chicos. Me hizo seguirle a un pasillo donde no había nadie alrededor. Me empujó contra la pared y me tomó del cuello. ​

Después de este evento los maestros se involucraron. Hablé con los consejeros y un/a trabajador/a social. Me dieron una tarjeta de Help Mate, una organización sin fines de lucro que ayuda a las personas que están lidiando con la violencia doméstica en sus relaciones. Le dí un vistazo a la tarjeta y la puse en mi bolsa pensando que no me estaba pasando a mí.  Terminamos después del evento en la escuela. Aún así él me hacía sentir que todavía era su propiedad.

Me intimidaba en la escuela al darme miradas feas. Si estaba con otros muchachos o si vestía ropa con la que él no estaba de acuerdo, me insultaba y me degradaba, lo cual me hacía no querer vestir la ropa que quería. Fueron casi ocho meses con estos problemas. Luego tuvimos una pelea física de mucho abuso. Me dejó con un labio partido, marcas en mi cuello y moretones en mis muslos, donde me había pateado. Mis padres notaron los moretones y me dió tanto miedo y pánico que les dije que me había peleado con otra muchacha. Pasó una semana sin decirle a nadie. Finalmente decidí que tenía que contarle a alguien sobre lo que sucedió. Me puse en contacto con una persona de confianza. No sabía por donde empezar.

¿Qué pasa si lo meto en problemas? ¿Qué pasa si me lastima? ¿Lo voy a perder por siempre? Todas esas preguntas estaban en mi cabeza. ¿Me iba a quedar en silencio o dejarlo ir a pesar de todo lo que me había hecho otra vez? No fue mi culpa. Nadie merece que la maltraten como el me maltrató a mi. ¿Eso era el amor? ¿El lastimar a alguien físicamente y emocionalmente? No lo es.       Hay recursos para apoyarte. No estás solo/a. Habla con alguien de confianza. La lucha nunca para pero el resultado al final no tiene precio. Si piensas que estás sola/o, no lo estás. El apoyo que hay sobrepasa la negatividad de los otros. ​